Enfermedades - Panleucopenia Felina

Panleucopenia Felina

Panleucopenia Felina

La Panleucopenia Felina (PF) es una enfermedad viral, altamente contagiosa que afecta a los gatos y es causada por el parvovirus felino. Durante años la Panleucopenia Felina ha sido una enfermedad conocida con diversos nombres entre ellos distemper felino, enteritis infecciosa, fiebre del gato y/o tifoidea del gato. El distemper felino no debe confundirse con el distemper canino. Aunque comparten el mismo nombre, estas son dos enfermedades distintas causadas por virus diferentes; ninguno de los dos virus es transmisible al ser humano. Después de la exposición al virus Panleucopenia Felina, muchas de las células en proliferación activa son destruidas. La muerte celular hace que los gatos sean más susceptibles a otras complicaciones o infecciones bacterianas secundarias.
La muerte producida por esta enfermedad es variable, pudiendo producir hasta un 90% de letalidad.

Sobre las formas de contagio.
El virus de la panleucopenia felina se transmite más comúnmente por contacto directo de gatos sensibles con animales infectados o sus secreciones contaminadas. Los gatos eliminan virus en la orina y las heces hasta 6 semanas después de recuperarse.
Existe transmisión en las gatas gestantes a sus gatitos (transmisión in útero) y también se puede transmitir por contacto indirecto con materiales contaminados como suelos, camas, ropas, calzado, manos, platos para el alimento, etc. Es probable que también se transmita a través de pulgas y otros insectos vectores durante las épocas de calor.
Además, este virus perdura durante mucho tiempo, hasta cerca de un año en condiciones medio ambientales favorables, por lo cual las personas que pierden un gatito por esta enfermedad no deben llevar otro nuevo a la casa sin vacunarlo previamente.

Sobre la detección de la enfermedad.
Es una enfermedad que se manifiesta en los gatos enfermos de forma muy variable desde leves manifestaciones clínicas, más común en gatos sensibles de mayor edad hasta muy grave en gatitos no vacunados. No tiene signos típicos y muchos dueños se creen que han sido envenenados o han comido algo extraño. Por lo que el tratamiento se puede descuidar o retrasar.
Los primeros signos que nota el propietario son depresión, pérdida de apetito, fiebre alta, letargo, vómitos y deshidratación. El curso puede ser corto y graves y algunas veces los gatitos mueren a los pocos días sobretodo, gatitos de 4-12 semanas de edad. También se han observado muerte súbita neonatal. Normalmente la enfermedad puede durar de 3 a 4 días después de la fiebre. La fiebre fluctúa durante la enfermedad y puede bajar por debajo del valor normal, antes de la muerte. Otros signos, en las últimas etapas de la enfermedad, pueden ser diarrea, anemia y vómitos persistentes.
Las gatas infectadas durante la gestación pueden tener abortos de fetos muertos o momificados, pero sin signos clínicos de enfermedad. Los gatitos en una camada pueden nacer con incoordinación motora, temblores y apatía.
En una camada, no están afectados todos los gatitos ni tienen el mismo grado de déficit neurológico. Los gatitos con daño en el cerebro anterior presentan convulsiones, cambios de conducta y marcha relativamente normal, aunque presenta posturas anormales.
Los gatitos afectados con disfunción cerebelosa mínima pueden con el tiempo compensar en cierto grado la alteración nerviosa y pueden vivir con cierta alteración residual.

Sobre el diagnóstico de la enfermedad.
Generalmente el veterinario la diagnostica en base a los signos clínicos y la presencia de leucopenia en un análisis de sangre. La leucopenia no es característica sólo de la panleucemia felina ya que se da en otros procesos y no en todos los casos de esta enfermedad.
A nivel de laboratorio se puede proceder a aislar el virus, en líneas células felinas de multiplicación rápida o usar la fluorescencia directa para detectar el virus en cultivos de células y tejidos (a partir de intestino de gatos infectados durante los dos primeros días de la infección). Otras pruebas menos utilizadas son: microscopía electrónica, la técnica de la hemoaglutinación e histopatología a nivel del intestino.
Actualmente se emplea con bastante frecuencia una técnica inmunocromatógena que detecta el virus en heces y contenido intestinal y es muy práctica y rápida.
Las pruebas serológicas más comunes son: sueroneutralización, fijación de complemento, ELISA e inhibición de la hemoaglutinación aunque rara vez se utilizan en la práctica clínica por la presencia de anticuerpos tras la vacunación.

Sobre el tratamiento de la enfermedad.
Generalmente el veterinario trata la deshidratación, instaura una nutrición adecuada y previene la infección secundaria con antibióticos. El objetivo principal del tratamiento es el de mantener al animal vivo durante 5 a 7 días hasta que aparezca la respuesta inmune.
Si se trata de un gato menor de 8 semanas el pronóstico suele ser grave, aunque si el gato tiene más edad y sobrevive 48 horas tras el tratamiento, el pronóstico generalmente es favorable ya que logra desarrollar una buena inmunidad y recuperarse.
Cuidados especiales por parte del dueño son importantes para su curación. Así son convenientes frecuentes caricias e incluso darle de comer en la mano no viene nada mal en estas ocasiones.

Sobre la prevención de la panleucopenia felina.
Se puede prevenir esta enfermedad de diferentes maneras:
Los gatos que sobreviven a la infección quedan protegidos frente a la panleucopenia de por vida.
La madre transfiere anticuerpos a sus gatitos (anticuerpos calostrales) que suelen durar por término medio 8 semanas aunque a veces duran hasta las 12 semanas de edad. Cuando los gatitos pierden los anticuerpos calostrales es cuando hay que iniciar la vacunación ya que si se inicia antes, los anticuerpos calostrales interfieren en el desarrollo de la inmunidad tras la vacunación.
Se ha utilizado la inmunidad pasiva para prevenir la enfermedad. Los sueros homólogos de gatos que han sufrido la infección proporcionan inmunidad según el título del producto y la cantidad administrada. Se recomienda la administración de estos sueros sólo en gatos susceptibles a ser infectados, no vacunados que requieren protección inmediata o en gatitos que no han recibido calostros.
Las vacunas inducen una buena protección. La mayoría de las vacunas son vivas pero tratadas para perder su capacidad de producir la enfermedad y hay otras vacunas que son inactivadas. La elección de una u otra dependerá de varios factores que tendrá en cuenta nuestro veterinario.
Las inactivadas son inocuas y pueden ser usadas en hembras preñadas y en gatitos menores de 4 semanas. Estas vacunas estimulan la producción de anticuerpos contra el virus y protegen al gato de la infección natural. Las vacunas son preventivas pero no curativas. La mayoría de ellas han de administrarse antes de la infección y exposición al virus para ser efectivas. Generalmente los gatitos reciben su primera vacuna entre las 8-10 semanas de vida. La vacunación debe repetirse anualmente para mantener una buena inmunidad.
La vacunación ha sido el factor más importante para reducir la presencia de la enfermedad. El veterinario debe establecer la pauta de vacunación más adecuada dependiendo de muchos factores como interferencia con los anticuerpos calostrales, cantidad de enfermedad, edad, salud del gato, etc.
Es fundamental que junto con la vacunación se realice una buena desinfección a fin de prevenir o controlar un brote de panleucopenia, ya que el virus es muy resistente a las condiciones medio ambientales. Los desinfectantes más apropiados son: hipoclorito sódico al 1/32 en amonio cuaternario previa eliminación de la materia orgánica y radiaciones ultravioletas.

Asimismo, en colectivos de gatos las medidas a tomar son las siguientes:
Todos los nuevos animales deben vacunarse al llegar y mantenerse separados del resto de los animales varios días, en jaulas desinfectadas.
Separar a las hembras gestantes del resto
Separa madres y gatitos durante la lactancia del resto de los gatos.